Perduran huellas, sensaciones en vivo, marcas de aviso de nueva etapa. Me ha pasado otras veces, es conocido, otros días sentí reminiscencias del dolor en mi cuerpo. Pero ayer fue diferente. Más allá de sus palabras que me lo indicaban era un sentimiento el que lo afirmaba.
En la vorágine en que me introduce la disciplina me di cuenta. Al instante quedé desprovista del control de la situación. De un manotazo apartó mis manos del timón. No me sorprendí pero no había intuido la llegada de mi deseo y por ello lo recibí a tropezones. Quise ser lo que me pedía, lo que mi interior le andaba reclamando a gritos. Intenté no ser queja, probé a aguantar en mi boca mil excusas que anhelaban la benevolencia a la que me tiene acostumbrada. Me herían sus preguntas que no podía contestar sin reconocer el fracaso de mi sumisión. ¿Por qué no obedeces a normas tan sencillas? y nunca lo sé ¿por qué soy sólo palabras? me hace daño reconocerme tan débil. Peleé por descubrir el verdadero agradecimiento, el sincero estado de entrega. Sé que mañana saldrá mejor, brotará más fuerte porque lo llevo dentro, porque usted y yo sabemos que tengo una verdad que escondo en dudas de orgullo.
Me queda lo de siempre, responsabilizarle del camino, pedirle ayuda, que me haga crecer enseñándome, que marque el ritmo frenando mi impaciencia, como hasta ahora ha hecho. Despacito y sin darme cuenta he aprendido muchas cosas, tantas si miramos hacia atras!
Hoy desde dentro, ya parte de usted, sin duda en sus manos, estoy preparada. Su paciencia es amiga de mi imperfección. Soy barro ávido de molde que me muestre el verdadero placer de complacerle.
Es vida, destino y tiempo de disfrute en el paseo... como siempre, de su mano.

ESPERÁNDOLE


Un mensaje me dirá la hora exacta en que abrirá la puerta. Desde mucho antes yo visitaré el reloj. Cada diez minutos, cada cinco minutos hasta que note las punzadas en mi estómago... ya queda poco. Una última mirada alrededor. El orden me convence de que todo está bien. Busco el cojín, de rodillas sazono los nervios con la ansiedad y me los bebo en suspiros. A veces me miro las manos por ver si tiemblan, sorprendida de que nunca lo hagan. Conozco sus sonidos. Escucho la puerta del portal, sus fuertes pasos, la llave que gira. La orden es no mirar, fijar la vista en el suelo pero no lo hago. No puedo resistir la tentación, mientras en silencio va colocando sus cosas yo ya le he recuperado. Usted aún no ha mirado, no ha visto mi sonrisa, me la trae la alegría y esas gafas de sol que le hacen parecer otro. Ya se está acercando y ahora sí, ahora soy silencio expectante de mirada baja. Me habla, sus manos entierran mi rostro. Puede que toque empezar a pagar o puede que despacito me levante y me abrace. Yo me dejo llevar. Es momento de sumisión plena, ni cuando toca disciplina consigo sentirme así. Coge mi mano y soy voluntad suya, no estoy pensando, no analizo, no supongo, no espero nada, entera en usted...

DESBARAJUSTE



¿Qué pasa por mi cabeza cuando le reto? ¿Qué es lo que busco cuando le reclamo atención a llantos? ¿Qué espero cuando soy imbatible alegría? ¿Qué significan mis lágrimas, mis risas, mis descaros, mis quejas, mi entrega, mis cursis frases de cariño?


Como razón obvia me muestro a cada instante, sin posibilidad momentánea de convencimiento. Voy a la contra o a su paso con los bolsillos llenos de seguridades. No escucho, no veo, no pienso. El misterio está en la duración, dos frases más arriba soy certidumbre al norte, un minuto más abajo me vuelvo certeza al sur.


¿Cómo me explica? Si lo supiera... Pero más me gustaría conocer el final, el límite de su paciencia para no pasear cerca porque de inconsciente me arrastran los precipicios y del barranco no me salva un azote, eso lo sé.


Le pido disciplina discutiendo la disciplina; quiero la palabra sumisión y me acomodo en huracanes de orgullo; Le imploro mimos como quien pide azotes y le demando castigo como niña perdida que busca abrazos. Le acuso (el peor de mis defectos) y me disculpo casi en la misma frase. Le escondo las palabras cuando el momento lo requiere y hablo a borbotones cuando el motivo ya es historia.


Ser contradicción es innato en mí pero con usted se acrecienta, le quiero y le quiero... ejemplo más claro no encontré.

A veces pierdo el sentido de todo lo que hago. Sin motivos, el día amanece huyendo y con él se va mi imaginación. Yo quedo mirando como se alejan, martirizándome en inmóvil desidia.

Conozco mi tendencia a escapar, a arrancar lesivas fotografías del álbum de mi cabeza. Me basta una orden para obviar los problemas a los que no encuentro solución. No es cobardía, es expectativa o esperanza de visión errónea.
Hasta que el derrumbe llega, entonces salgo a enfrentarme. Me juego sin reservas todo mi andamiaje. Apuesto a la única opción que queda, mas sin miedo porque el tiempo se lo tragó a fuerza de ocultarlo.
Hay algo que nunca consigo evitar, ni siquiera me esfuerzo en disimulármelo.Ya quité la mentira de suerte adversa y bauticé la evidencia. No dejo de preguntarme cuándo, no paro de ensayar el acto de lo inevitable. Actúo en silencio. Decorado de sombras o sol en lágrimas, esperando el aplauso que me pida que vuelva al escenario.
Así ha sido siempre pero ahora tengo sus palabras que me renuevan contratos de obra de vida y el mañana es nueva función.
Hoy, a su lado, me huye el día pero vuelve corriendo cuando ve que muere el ansia de alcanzarlo.
Hoy me ato al presente y abandero el tiempo venidero sin mirar el pretérito que siempre me ha empujado.
Hoy tengo otra casa donde esconderme.
Hoy no soy rincón frágil.
Hoy soy luz encendida.
Hoy le doy las gracias por salvar mi incertidumbre.


El primer pensamiento de cada día tiene dueño, mis mañanas nacen buscando una frase que le dé los buenos días. Después de tanto tiempo ese gesto sigue marcando la dirección que toma mi ánimo en las horas siguientes.
Si su respuesta tarda en llegar empiezo a impacientarme, le busco diferentes explicaciones y en cada una de ellas me quedo un rato. Así paso de la expectativa a la decepción, de la resignación al enfado, vuelvo a la esperanza, me detengo en la tranquilidad, descanso en la ansiedad de leer sus palabras, me arrepiento en las dudas, hago planes de orgullo, me miento en comparaciones y en breves ataques de racionalidad me doy cuenta de la importancia que le doy a mínimos detalles. Soy éxito en todas, experimento los más insospechados sentimientos sin llegar a conseguir ignorar el silencio, que de breve no merece tal categoría.

Ninguna de estas reacciones me sorprende porque nacen de la necesidad. Todo sería más fácil si no tuviera esa dependencia pero sin ella ¿cómo podría hacer crecer mi entrega? Es la cruz, el otro lado de la moneda. Es la constatación de sentirme suya, el certificado de vida de esta relación. Igual de importante que los nervios que aun siento cuando llega. Intensidad a la que el tiempo no gana.

Pero también es error, falta que desbarata posiciones. Es lección por aprender, actitud por enseñar. Cuando por fin me agarra la mano, adornándomela de palabras que sueño mías, su paciencia me llena la conciencia de excusas que me salvan de la culpa injusta con que le cargo. Al principio me defiendo con monosílabos de niña rebelde hasta que de nuevo transparente lanzó explicaciones que pretenden ser disculpas.

Una y otra vez ocurre porque a pesar del tiempo somos comienzo. Porque vamos despacito, marcando huellas, afianzando el paso. Tanto nos queda por delante que hay espacio para muchos sueños, como espacio queda para mil éxitos y para mil alegrías y mil gracias, mil sonrisas y mil lágrimas que no son más que la prueba de que siendo suya soy yo misma.

Habrá que corregir formas pero sin cambiar el fondo que no es más que evidencia de necesidad, dependencia, sumisión... de deseo cumplido.

CRECER RENACIENDO


Estos días algo ocurrió en mí. Lo noté en su momento pero sigo saboreando el cambio, más intenso ahora que se ha ido. Cuando se aleja me basta un minuto para echarlo en falta, esta vez empecé a echarle de menos antes de que se marchara. Algo se ha trastocado sin que nada a nuestro alrededor cambiara. Una reacción distinta a un viejo estímulo provocó un descubrimiento, mil interrogantes muertos y un escudo perdido.

Alfileres en el estómago que adornan el momento en que le espero mirando el reloj, contando minutos, adecuando posturas que dignifican nuestras posiciones. Con los mismos, igual colocados le he dicho hasta luego.

Conoce mi impaciencia, sabe mis impulsos y ante esta nueva ilusión soy pura revolución. No puedo parar de mirarme, de pensarme nueva, no puedo dejar de escribirlo una y otra vez. Necesito vivirlo. Regalo que quiero disfrutar. Deseo revolver todo, reinventar todo. Esto es pataleo que le reclama, corra, suba, mire... cálmeme.

SONRISA ESCRITA




Hoy le voy a cambiar el rumbo a las palabras y acortaré su talla. Hoy apenas unas frases. No es que haya ocurrido nada, todo está igual, igual de especial... sólo quiero escribirle las sonrisas.


A su lado.
De su mano.
Entregada
Cuidada.
Su niña.
Mi Señor.

Seis razones de felicidad, tengo muchas más pero esas se las gritaré al oído.

ASOMBRO SOMETIDO


Cuántas veces pensé que ya había llegado, que nada más me quedaba por dar, nada diferente por sentir. Tantas que lo hice, tantas temblé.
Significaba bajar.
Evidenciaba nostalgia.
Vista atrás.
Añoranza.
Lo dejado y lo vivido.
Cuántas veces temí haber perdido la intensidad.
Demasiadas veces le di la victoria a la rutina. En su mano el trofeo de la coherencia, la medalla del sentido, el ramo del equilibrio. En mí, la corona espinosa que me decía que no alcancé, que no lo había conseguido, que mi sumisión era tan onírica como cuando a solas le veo, le obedezco o me invento penitencia.

Nadie me miente con más seriedad que yo. Cada segundo una mentira tan convencida de ser verdad que sólo me vale enmudecer para apreciarme real. Eso fue lo que pasó. Un derrumbe estruendoso que me lleno de silencio y de repente me descubrí. Usted sabe con que asombro me miro cuando me veo. Después corro a enseñarle mi imagen, pero después. Primero me recompongo en sus rodillas, entre sus brazos. Cuando tengo la calma se lo cuento, bajito para esconder vergüenzas. En vano espero su asombro. No llega porque ya lo sabía, porque no consigo mentirle en mi verdad.

Eso pasó, me descubrí el grado de sumisión más alto, el más indestructible, el que contesta todas las preguntas. Soy tan suya como lo son mis sentimientos. Le pertenezco como consecuencia soy de cada una de sus palabras, de sus movimientos, de cada segundo de su existencia. Todo nace de ahí: mis actos, mis desplantes, mis rabietas, mis exigencias, mi egoismo, mis dudas, esa forma tan elemental de rebeldía... ahora lo entiendo, no es más que la manera de hacerme voz...

Bueno, menos mal que mi boca ya se lo explicó porque mis dedos de nuevo crearon jeroglíficos.

NOMINANDO MI ESENCIA


Nominaciones hay muchas y una se busca en ellas para hacerse una idea de lo que es. Lo que suele ocurrir es que ninguna se adapta a la verdad porque somos un conjunto de matices y circunstancias que hace casi imposible catalogarnos. Difícil es hacerlo individualmente, inalcanzable nombrar a dos.

Cuando no conoces más que inexplicables sensaciones que crees únicas no hay problema, ni siquiera imaginas que es realizable, no se si por el defecto de creerse original o por la virtud de suponer a los otros más sentido común. ¿Cómo pensar que había alguien más para el que una azotaina era fantasía? ¡El mundo está lleno de desubicados!

Una vez descubierto se abre otro enigma. Ya sabes que hay más gente como tú. Al principio, cegada por la sorpresa, no notas diferencias, debe ser porque la fantasía no tiene reglas y en ella puedes ser el rol que elijas sin adaptaciones lógicas porque ¿quien a la hora de soñar inventa explicaciones o motivaciones? En estos momentos todo sirve y todo cabe, aún no se es capaz de desvestir de fantasía la fantasía. Sí, los azotes pasan a ser reales; el dolor entra en escena, se hace físico lo que en las ensoñaciones no tenia espacio, paradoja que me lleva a reafirmar que la base de esto no radica en el placer del dolor, no es el azote en si lo que arranca el placer y si lo es (mi cuerpo se empeña en demostrármelo) entonces no es el placer del que se nutrían mis quimeras.

De repente te das cuenta de que lo único que has hecho al abrir la caja es llenarte de necesidades. Resulta que se ha hecho realidad algo que no perseguías y la verdadera esencia sigue escondida. Ahora tiene un complemento, un escenario donde hacerse verdad. Ahora parece muy fácil sacarla, incluso llegas a convencerte de que está fuera en algún momento pero la esencia es de naturaleza rebelde, una eterna marginada que no encuentra molde y empieza la búsqueda.

Conceptos y más conceptos, definiciones sin definir, colores mezclados que difuminan la imagen. Spanking, sumisión, disciplina doméstica, azote erótico, realidad, juego, sentimiento, frialdad, sexualidad, diversión, compromiso, exclusividad, compartir, distancia, roles, protección, cariño, forma de vida, obsesión, ingrediente, entrega, teorías, mi fantasía, su fantasía, nuestra fantasía...

Como para no perderse. ¿Hacia donde voy? ¿Dónde estoy? ¿y mi sueño cual era?

SUEÑO EN CALMA


El otro día Marisi me preguntó ¿has escrito algo? al contestarle que no aventuró: "eso es que todo está bien".

Son curiosos los mecanismos que utilizo para escribir. No sé como hace el resto del mundo pero los supongo con algo que contar, con esa premisa rellenan la nada de un folio o una pantalla ¿será así? suena a consecuencia lógica pero a mí no me funciona. Parece que mi escritura nace única y exclusivamente de un estado de ánimo, de una explosión de sentidos o de una ausencia de ellos. Desde este origen contar no tiene razón de ser. Pero me niego a aceptar que sea la tormenta la única que me da voz. Pienso tirar por tierra esa teoría que me ata al drama.

Descartada la narración por evidente ausencia imposible de disimular ¿que me queda? (inciso para pensar) ya está, decidido, me salva el monólogo. Por mucho que haya inventado este blog para conversar con usted, para retomar dudas que notaba que se me iban silenciando, reconozco que yo misma me engañé. Lo creé para hablarme a mi misma, como un intento de entendimiento propio.

El resultado no es muy exitoso porque ningún escrito ha acabado con mis preguntas pero sin duda sirve para equilibrarme. ¿Por qué? ¿por qué el hecho de escribir sin pausa consigue este efecto? Seguramente es porque me cambia el sitio donde fijo la vista. Imagine que he ido a un museo con la intención de hacer el estudio de un cuadro, me planto enfrente de él y comienzo a mirarlo. Como mi misión es desentrañar sus misterios tengo que fijarme en todos los detalles para evaluarlo completamente y descubrir sus secretos. Pero las pinturas que cuelgan de las paredes del alma son tan subjetivas que necesito perspectivas distintas y me voy cambiando de sitio por si desde otro lado la sombra se torna luz. Entre tanto vaivén me distraigo, se me escapa la imaginación que siempre me lleva al mismo destino y mi primera intención se hace historia.

Al final siempre acabo sentada en el mismo banco, en el que está enfrente de ese cuadro sin terminar que es el que más me gusta... será porque al no tener fin no me exige respuestas, con este me bastan sueños. Los espacios que le quedan por dibujar los pinta mi deseo y acostumbrada a hacer de este meta y de la meta horizonte siento que me queda tiempo. Mejor vengo mañana o pasado mañana... mejor retomo las interrogaciones cuando acumule demandas que la quietud me vuelve pereza.

PEQUEÑA

En un amor pequeñito no cabe nada, ni siquiera todas las consabidas palabras de un rol protector. Un amor pequeñito no alcanza. Eso era, no lo sabía, no sabía su tamaño... y yo luchando!!!

Tantas veces caí, tantas me levanté. Más, serán más porque aún me niego a hablar por la boca de la coherencia... Tanto desequilibrio! equidistancia insalvable por diminuto sentimiento. Desde mi centro no logro verme, me ciega, me ensordece. Ahora lo entiendo, no es tanto lo que pedí, era poco. Pero soy frasco pequeño, por más que quiera no caben mis sueños. ¿Me vacío de ellos o los dejo perderse? Qué difícil me lo ha puesto, más que nunca.



Niña sin cabida, mujer sin respuesta.

SIEMPRE


Una palabra no dicha, una ofensa.
Un gesto olvidado, un dolor.
Una postergación, un enjambre de dudas.
Un silencio, un descalabro.
Un vació... una palabra, un gesto, una postergación, un silencio.

De repente un vació que se llena con todo.
Hasta que lo borde con hilo de nada.
Nada dinamita que revienta el muro.
Sus piedras caídas las haré camino.
inventado afluente volcado en el río.
Y entonces...
Navegar.
Poner nombre al barco
LLamarlo entusiasmo

Hasta que naufrague en palabra muda.
Hasta que se encalle en gesto olvidado.
Hasta que en el mástil ondee un mañana.

Silencio de viento arriando velas.
Pintado en el casco su nombre destino.
Vacío se llama.
Y ya no navega.
Hasta que de nuevo oteo horizontes.
He vuelto al principio.
Porque siempre vuelvo.
Siempre, siempre, siempre, siempre, siempre…

SENSIBILIDAD


Hoy busqué en el diccionario la palabra sensibilidad. Es un vocablo que la gente me ha colgado incontables veces, sobre todo cuando mis reacciones los llenan de incógnitas. Es verdad, que algunas de ellas yo misma soy incapaz de razonarlas con lo cual, la única explicación que queda es que debo ser muy sensible. La insistencia me ha llegado a convencer tanto que si alguien me pidiera una descripción personal de mi carácter no faltaría ese adjetivo en mi discurso. Pero en mí todo esto va más allá, parece que el concepto queda corto y para entenderme necesito grados. Desde el principio de nuestra relación alcancé la cumbre, hipersensibilidad me diagnosticó, un exceso que diluye la virtud y el defecto.

Cuando aparecen esos momentos donde siento que las lágrimas vuelven a escaparse, me agarro como un acto de fe a esa interpretación y hoy como le digo he querido saber si eran coincidentes los síntomas y el juicio. Encontré esto:

1.Facultad de sentir, propia de los seres animados.

Esta definición me devolvió contradicción porque mi sensibilidad me ataca en el desánimo, cuando se hace evidente en lo que me convierto es en puro ser desanimado, por lo tanto sería impropia de mí. Las primeras definiciones nunca aciertan, es máxima.

2.Propensión natural del hombre a dejarse llevar de los afectos de compasión, humanidad y ternura.

Esta tampoco es la mía. No es la sensibilidad que yo cargo, al menos hasta el final de la frase, al llegar a los afectos la cambio por otra cosa seguro porque compasión no es lo que gritan mis lágrimas. Pensé que el diccionario estaba para aclarar dudas y resulta que me tira los cimientos, a estas alturas ando pensando que a ver si va a ser que no soy sensible ¡Qué angustia! con lo que me desestabilizan los cambios.

La tercera me la salto porque expone cualidades y me llena de pudor.

La cuarta el mismo destino, habla de ciencia y a mí siempre me ha gustado ser de letras. Debería aprender de una vez a poner los deseos en la casilla de la probabilidad.

Y así montada en la decepción lingüística, sin casi ya esperanza, llegué a la quinta y última definición. Dice así:

5.Capacidad de respuesta a muy pequeñas excitaciones, estímulos o causas.

En ella encontré la clave. Habla de respuestas, mi eterna búsqueda. Excitaciones, palabra desaforada amiga de la pasión, mi siempre deseada. Estímulos y causas, el principio de todo. O sea, que la sensibilidad necesita de una causa, causa ajena intuyo. Entonces está claro, mi afectación es efecto y un efecto no es un sinsentido, un efecto es consecuencia y ¿no es la consecuencia quien da sentido a los hechos?

Siento alivio de responsabilidad, el diccionario me salvó. Sólo una ligera pega pero por subjetiva ni la evalúo: "muy pequeñas" dice pero ¿qué saben las palabras de medidas? a no ser que la mía sea inversamente proporcional: a hipocausa, hipersensibilidad... demasiado complicado incluso para mí.

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